Me vais a permitir que, en contra de mi habitual forma de
ser, me ponga un tanto transcendente.
Hoy hace cincuenta y dos años que me casé con Mariderqui.
Hoy hace, además, dos meses que ella ya no está con
nosotros.
Con la inmensa felicidad de haber podido compartir mi vida
con ella y con la pena de su ausencia, quisiera compartir con vosotros una cita
que dejó escrita como un último mensaje de consuelo:
“Si las personas queridas se mueren, sólo se pierden para
nuestros sentidos ordinarios. Si las recordamos, podemos encontrarlas en
cualquier momento con nuestros sentidos secretos”.
