En uno de esos amagos de muerte que tuvo antes del golpe
definitivo le dije, porque era verdad, le dije, cuando a medias se recuperó,
que en ese trance no había hecho sino repetir en mi cabeza, en un triste
silencio, la letra esa la canción de Alejandro Sanz:
¿quién me va a entregar sus emociones?
¿quién me va a pedir que nunca le abandone?
¿quién me tapará esta noche si hace frío?
¿quién me va a curar el corazón partío?
¿quién llenará de primaveras este enero,
Y bajará la luna para que juguemos?
Dime, si tú te vas, dime cariño mío,
¿quién me va a curar el corazón partí o?
Fue una de las ultimas veces que la vi sonreír con esa
expresión delicadamente apasionada con la que tanto se hacía querer.
Y es una absurda contradicción que aquella sonrisa, hoy,
me llene los ojos de llanto.
No sólo de tristeza, sino también de agradecimiento por
haber podido estar a su lado tantos años.


